Como una levadura mística que requiere de tiempo para llegar a su mejor expresión en una masa, el emprendimiento de Óscar Gaona tuvo que madurar y soportar largos periodos de aprendizaje y esfuerzos, pero el resultado final es único y valioso. Esta es la historia de este joven industrial.
A sus 22 años la vida le presentaba a Óscar Gaona infinitas posibilidades para incursionar en el ámbito laboral, por eso él decidió buscar fortuna en Europa y durante diez años allá recogió un abanico de experiencias que abarcaron desde la construcción hasta la gastronomía, conoció a muchas personas y aprendió de todo.
“Trabajaba en restaurantes lavando platos, ayudando en la cocina solo por propinas en algunos casos. Aprendí bastante de la cocina japonesa, mis compañeros y jefes ayudaron a que yo entendiera sobre responsabilidad, el respeto y la excelencia en el trabajo por sobre el cansancio. Considero ese aspecto como fundamental para lo que hoy puedo lograr”, refirió con orgullo Óscar.
Tras una década de preparar el terreno, la cosecha por su esfuerzo era exigua y el sacrificio de vivir lejos de su país y de su familia cada vez se le hacía más pesado. Entonces resolvió volver a Paraguay e iniciar un negocio con las ganancias que había obtenido.
“Fue así que volví y emprendí otros negocios de ventas que no resultaron como esperaba. ChipAsador surge a raíz de subsanar esos infortunios, como negocio de momento. Pero fue afianzándose gracias al apoyo de mi familia, pareja y amigos, con dosis altas de ingenio y esfuerzo”, aseguró.
El 2015 sorprendió a Óscar con 50 mil guaraníes y cocinando a mano en un bracerito en la ciudad de Itá. Con situaciones desfavorables, problemas financieros y hasta con los amigos que le preguntaban cómo podía dedicarse a ese negocio, la fortuna había sembrado su semilla y era hora de que germinara.
El nuevo emprendimiento era lo único que tenía y necesitaba que funcione esa elaboración de chipa. Una vecina le mostró una receta y desde entonces fue probando hasta encontrar la mezcla justa de ingredientes para lo que hoy es ChipAsador.
“Hoy por hoy estamos de jueves a viernes en la Costanera de Asunción, de 6:00 a 18:00, y los domingos en Itá, en el mismo horario”, invita Óscar, quien explica que en este momento ya cuentan con cámaras refrigeradas para estacionar queso, amasadoras que son creación propia y depósito de insumos para producir en promedio 600 kilos de masa al mes.
Su visión no se circunscribe en elaborar masa y cocinarla, sino que también en diseñar y construir parrillas para que otras personas tengan oportunidad de ganarse el pan de
manera honrada. “Las máquinas pueden ser desde muy pequeñas hasta muy
grandes, cuentan según el caso con refrigeración, sistemas eléctricos de bajo voltaje que
permiten girar los asadores para asegurar una cocción adecuada de las chipas”, aseveró.
Estas parrillas especiales que fabrican favorecen para que puedan ofrecer una mejor atención a los consumidores, con ellas incluso pueden cubrir festivales o reuniones con gran afluencia de personas. ChipAsador nace de una mezcla de necesidad y sueños, pero hoy es una sólida realidad.
Sobre los planes futuros, Óscar se encuentra optimista. La primera meta era lograr el afianzamiento, objetivo que alcanzó gracias al esfuerzo y a la buena gestión de varias personas y entidades. La segunda es seguir creciendo, puesto que en su cartera tienen muchas y buenas expectativas, además de estar dispuestos a encarar los desafíos que se vienen.
Entre ellos, figuran ampliar los productos que ofrecen, como por ejemplo la Chipa Piru al estilo ChipAsador, que tuvo bastante aceptación y en la que trabajan desde el año pasado. También empezaron a enviar muestras al extranjero y la mira está puesta en buscar mercados más allá de las fronteras.