Todas las organizaciones quieren ganar, ganar siempre. Las personas también lo desean, porque forma parte de la naturaleza humana el crecer y evolucionar. Así que el moldear culturas ganadoras, es una materia y un deber de todas las empresas.
¿Cómo podemos instalar una cultura ganadora o de alto rendimiento?
Podemos tomar como referencia lo que hacen los equipos campeones del mundo del deporte y seguir sus pasos.
En primer lugar es fundamental “poder aprender”, es decir tener las condiciones para aprender, y esto quiere decir, asegurarnos de tener en la organización, a las personas con el perfil ganador, es decir con el talento, la personalidad, el carácter, o las condiciones para alcanzar el máximo rendimiento. Para una cultura ganadora, se necesitan colaboradores con estados de ánimo estables, que no tiendan a deprimirse por cualquier cosa, o con un humor variable, personas que no se compliquen la vida en exceso y que además cuenten con un entorno mentalmente sano. Estas características tenemos que buscar cuando seleccionamos a los colaboradores, porque esa es la base sobre la cual vamos a seguir construyendo.
En segundo lugar, dadas las condiciones, se necesita “querer aprender”, que se refiere a la motivación. Para estar motivado a ganar hacen falta dos condiciones: tener claro los objetivos que se persiguen y pagar todo el precio para conseguirlos. Este precio tiene componentes que no siempre queremos aceptarlos, como por ejemplo las renuncias y sacrificios que tenemos que hacer, los esfuerzos extras para cumplir con el trabajo y la aceptación de las consecuencias, tanto positivas como negativas derivadas de haber elegido ese objetivo.
El tercer paso es “saber aprender”, es decir, cómo encaramos los errores, o como nos preparamos para no volver a cometerlos. En la mayoría de nuestras organizaciones, gastamos un montón de tiempo y energía en justificar nuestros desaciertos, buscando las excusas de por qué lo hicimos de esta manera, por eso no cambiamos nada, y no progresamos. Hay una frase entre los deportistas que dice “los perdedores se quejan, los ganadores aprenden”. Quienes saben aprender nunca cometen dos veces consecutivas el mismo error. Puede que fallen, pero no lo harán por la misma razón. Y eso es lo que tenemos que incorporar en nuestras culturas para convertirlas en ganadoras.
Y el último paso sería “demostrar lo aprendido” que así como en los deportes, se nota en el campo de juego, en los momentos de la verdad, frente al cliente, bajo presión.
La cultura ganadora se refleja en nuestra manera de competir, que es el resultado del entrenamiento o de lo que hacemos cada día, de cómo nos fuimos preparando. No es producto del azar. Para ello tenemos que tomarnos en serio cada día de trabajo, y aprender a entrenarnos como si cada momento, fuera la máxima competición.
¡No esperar a tener el cliente especial, la cita importante, para hacerlo bien! Es transmitir e inspirar a nuestros colaboradores a hacer el trabajo de cada día con el 100% de excelencia, tolerando toda la presión y las dificultades, buscando ser los mejores que podemos ser.