Carolina de Bestard
Directora Regional de Great Place to Work® para Bolivia, Paraguay y Uruguay.
Por lo general en nuestras empresas nos ocupamos de buscar a los mejores talentos, de que las principales posiciones o los cargos claves estén ocupados por personas con la experiencia, el conocimiento y las habilidades suficientes para desempeñar bien el rol, pero muy pocas veces nos enfocamos en trabajar para que estas individualidades integren y conformen un verdadero equipo de trabajo, que en definitiva es la clave para lograr los grandes objetivos que nos proponemos como organización.
El talento gana partidos, el equipo campeonatos”, dice una frase que me gusta mucho, porque refleja que no es suficiente contar solo con personas con buenas capacidades individuales, cuando el objetivo que perseguimos es grande. Es necesario que estos profesionales logren trascender su deseo de brillar por encima de los demás, en bien del objetivo del grupo.
Para que un equipo llegue a la excelencia, no solo cada miembro debe comprender y hacer su papel lo mejor posible, sino que debe tener claridad de hacia donde se dirigen, para que todos apunten a la misma dirección. El líder debe invertir tiempo en explicar no solo el objetivo y las metas, sino el propósito, el para qué hacen lo que hacen, cuales serán los beneficios para cada uno de los integrantes, no solo para la organización. Ahí es donde el equipo hace suya la visión y se compromete con ella. Cuando esto no existe, las energías se dispersan, y aunque cada uno ponga lo mejor de sí mismo y haga lo que mejor le parece, la fuerza se debilita. Lo que define a un gran equipo es que fluye con frecuencia, y se comporta como una única mente colectiva, donde los miembros se entienden, sincronizan, se apoyan y complementan.
En este sentido, tantas veces observamos a las distintas áreas y departamentos de una empresa compitiendo entre ellas para sobresalir, o boicoteándose como si fueran enemigos, olvidando que son parte del gran equipo empresa y que la competencia les espera afuera.
Para que todo el mundo vaya en la misma dirección, el equipo debe poseer fuertes vínculos, porque ahí nace la confianza que es el eje que aglutina a todos los equipos de alto rendimiento. Cuando hay confianza, hay conexión emocional, entonces las personas se sacrifican y hacen todo lo mejor posible por sus compañeros, no quieren desilusionarlos, el respeto se siente en la armonía del equipo, y en la búsqueda común del resultado. El “yo” se convierte en “nosotros”, porque nadie es más que nadie.
La comunicación fluida y transparente es lo más importante para poder trabajar juntos, y para que esta se dé, las personas tienen que buscar relacionarse inclusive fuera del trabajo, la empresa debe fomentar que los miembros logren pasar tiempo juntos, para conocerse, para conversar, y para compartir lo que deseen, ya que en estos ambientes pueden ser más honestos entre ellos y si logran esta conexión la trasladarán a sus trabajos.
Cuando un equipo logra la excelencia, no tienen cabida las súper estrellas, porque ellas lograron dejar de lado sus egos personales, en pos del propósito del grupo. Y los líderes al dejar que el equipo tome el mando, dan protagonismo y crecimiento a todos, haciendo que surjan resultados extraordinarios.