Ángelo Palacios
Twitter: @angelopalacios
Título interesante para abrir debate compartiendo mi punto de vista sobre este tema, que tiene que ver con el comportamiento financiero y laboral de las personas en esta franja generacional. Repasemos que se denomina millennials a la generación nacida entre los años 1980 y 2000. Estoy seguro que los lectores expertos en RR HH tendrán sus fuertes puntos de vista sobre lo que voy compartir a continuación. La cuenta de Twitter abajo mencionada, disponible para recibir comentarios. Las conclusión a la que muchos llegan generalizando, es que “Los millennials son nomás luego así”, poco compromiso con algunos trabajos, muy selectivos en lo que quieren trabajar. Esta es una verdad parcial. Creo que estamos sesgados por artículos a nivel mundial que hablan solamente del comportamiento de esta generación, que entiendo se comporta así porque, estoy casi se seguro, tienen una “espalda financiera” importante o un “sponsor garantizado” (padres, tíos, primos, parientes, amigos) a quienes recurrirán en caso que sus proyectos no prosperen y pueden darse ese lujo de estar siendo selectivos en sus trabajos, renunciar por cualquier frustración, y a veces en forma de rotaciones laborales ya muy extremas.
Entiendo que muchos de esta generación están influenciados y tienen como aspiración de vida lo que lograron los fundadores de empresas tecnológicas o de internet. Esto, no tiene nada de malo, solo que hay que reconocer que talentos y éxitos de ese tipo existen muy pocos durante cada siglo. Esta altísima rotación tiende a ocurrir con aquello que se denomina “millennials ricos”, porque en el fondo saben que tienen alguien que les dará dinero si algo sale mal. De ahí mi entendimiento que la misma generación, pero que no tiene este “sponsor” financiero, o a los que llamo cariñosamente en esta columna millennials pobres” está casi garantizado con que se esforzarán mucho más en sostener sus actuales trabajos, en aceptar algunas frustraciones naturales y normales en todo trabajo y en toda relación humana.
Creo que tenemos una generación grande de millennials un tanto malcriados. Conozco, sin embargo, una gran franja de “millennials” que son radicalmente diferentes en su forma de trabajar y de pensar. Considero que la diferencia está en que si tienen o no un sponsor financiero súper garantizado. Sobre este punto en el pasado escribí un artículo denominado “Más vale 5 minutos en la esquina, que 5 años endeudado” inspirando en un slogan de la Policía de Nueva York. https://wordpress.com/post/angelo palacios.com/311. En otras palabras, no está mal que tu hijo o sobrino intente avanzar con sus emprendimientos, pero se lo debe dejar que pruebe y, que si fracasa, que no esté tan seguro que alguien siempre le salvará su situación económica.
Tengo un amigo de esta generación que trabajaba en Itaipú, pero dijo que se aburría y salió a emprender. Hoy está con serios problemas económicos. Todos quieren ser como Steve Jobs, seguir sus sueños, lo cual esta muy bien, pero debemos orientarles a ser más cuidadosos y realistas en un mercado tan pequeño como el de Paraguay. Por eso digo que el mismo millennial que leyó la biografía de Steve Jobs, pero que no tiene recursos, no estará desperdiciando oportunidades de trabajo, porque sencillamente no tiene el amigo o pariente rico que le asegurará el rescate. Las redes sociales muchas veces venden ilusiones.
Personalmente, conozco y sé que existen jóvenes de la misma franja de edad, tan diferentes unos de otros. Un joven millennial que no tiene la opción o la malcrianza financiera que alguien le dará dinero sin trabajar, les garantizo que trabajará y se esforzará más, al menos, para darse los gustos en temas tecnológicos. Sin embargo, si un joven millennial tiene la certeza de que sus padres o parientes le van a rescatar en caso de necesidad, genera la tendencia natural a la pereza y a tener bajos niveles de tolerancia a la frustración y la inestabilidad en la búsqueda del trabajo perfecto, que considero que algo así no existe. Todo trabajo tiene sus sufrimientos e inconvenientes. Mucha culpa tenemos los padres que no hemos empezado temprano con la educación en valores tan importantes como la templanza.