Guido R. Brítez Balzarini
Socio Gerente de Sunergos.
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Leonardo da Vinci siempre pensaba que su primera mirada a un problema era muy sesgada y con tendencia excesiva a su manera rutinaria de pensar. Por lo tanto, siempre miraba a un determinado problema desde al menos tres diferentes perspectivas para conocerlo mejor antes de intentar resolverlo.
Ocurre que la definición de un problema limita la generación de ideas para resolverlo. Lo explico utilizando un ejemplo que puede ser aplicado a prácticamente todo tipo de problemas. Me refiero al “consumo de drogas”.
Si uno quiere “disminuir el consumo de drogas en una comunidad”, automáticamente el cerebro focaliza en el “consumo de drogas”, y más que nada en la palabra “consumo”, y deja de lado otros aspectos como “el cultivo”, “la distribución” o un motivo aún más profundo, por ejemplo la insatisfacción personal con la vida o conflictos internos del drogadicto. A mi manera de ver este tema, pienso que la droga es un medio para sentirse bien, o un medio para olvidar ciertas experiencias de vida que no se aceptan o no se quiere recordar. Lo importante aquí es tener consciencia de que el enunciado de un problema limita la generación de soluciones que el cerebro puede generar a partir del verbo utilizado: “consumo”.
Existen diferentes aspectos o perspectivas de este problema: el cultivo, la distribución, el consumo o motivos profundos. Esto significa que la disminución del consumo de drogas puede ser abordada desde varias perspectivas y por supuesto con varios tipos de soluciones en cada perspectiva.
Por otro lado, cuando se dice – por ejemplo- “es necesario combatir las drogas”. El cerebro, desde la concepción de la idea, se concentra en la palabra “combatir”, por lo tanto las ideas que el cerebro genere focalizarán en “combatir”, o en como “ir en contra de la droga”, y muy posiblemente no se tendrán en cuenta soluciones para que “las drogas no sean atractivas” o para querer “alejarse de las drogas”, ya que el verbo de la definición del problema es “combatir”. Esto significa que la mente dejará de lado otras posibles soluciones asociadas a otros verbos que pueden ser utilizados para enunciar el problema.
Por lo expuesto, es clave ser consciente:
  • Del impacto que tiene el verbo que se utiliza cuando se define un problema. 
  • Que los problemas tienen “raíces”, “perspectivas”, “escalones”o “niveles”, lo cual significa que es necesario focalizar “un escalón o perspectiva por vez” en el momento de generar ideas para resolverlo.  
  • De lo importante que es clasificar por orden de relevancia los mencionados “escalones”. Por ejemplo, hace poco escuche en la radio que una oyente decía que el problema de los chicos que huelen cola de zapatero se podría solucionar implementando algún tipo de control en la venta de cola de zapatero en las ferreterías. Esta puede ser una de las soluciones, pero el control de la venta de cola de zapatero en las ferreterías no atiende otra cantidad de problemas (o “escalones”) relacionados al consumo de drogas que mencioné más arriba.  
El gran beneficio de desmembrar el problema en diferentes “perspectivas”, “escalones” o “niveles” es que permite ver distintos aspectos de un problema que quizás antes de desmembrarlos no eran visibles a los ojos o a la conciencia. Al enunciar el problema utilizando diferentes verbos, o al desmembrarlo en sus partes, vienen automáticamente a la mente diferentes posibilidades de solución, antes inclusive de ponerse a pensar intencionalmente en ideas de solución.
Por lo mencionado, la próxima vez que trate de resolver un problema, actúe como Da Vinci y trate de enunciarlo de tantas maneras diferentes como pueda hacerlo, especialmente cambiando el verbo para aumentar la cantidad de ideas para resolverlo.